domingo, 31 de julio de 2011

SIGLO XX(X)...

            Mi partida de nacimiento indica que vine a este mundo la tarde del cinco de febrero del año mil novecientos ochenta. Eso quiere decir que soy un hombre del siglo pasado, por tanto, tengo algunos recuerdos bastantes claros de los últimos quince o catorce años previos al año dos mil (el comienzo del siglo veintiuno).
            No puedo decir que presté atención a cada detalle y suceso de ese tiempo transcurrido, pues como todo buen niño y luego adolescente representante de la llamada generación “X”, el mundo y lo que sucedía en él, eran cosas que tenían un valor igual a cero en mi escala de valores y preocupaciones; sin embargo, como mencioné al principio, tengo algunos recuerdos grabados con tinta indeleble en mi memoria, y los eventos que no llegaron a formar un recuerdo en la misma, pues vuelven a mi gracias a este útil artefacto (inventado precisamente el siglo pasado) que llamamos computadora con conexión a internet.
            Tomando en cuenta las últimas líneas del anterior párrafo, ya se habrá descubierto que hice uso de este magnífico invento para poder comentar respecto a ese periodo de tiempo. Es interesante ver las contradicciones existentes en los eventos del siglo pasado, un claro ejemplo de lo que digo es la búsqueda de paz por medio de la guerra; puedo mencionar también el uso de ondas de radio que hizo Marconi para unir Europa y América (una forma eficiente de mantener cerca dos lugares geográficamente alejados), y unos años después una tecnología que debía servir de igual forma para acercar personas (internet), resulta que ahora las aísla cada vez más.
            Puedo seguir con sucesos mucho más importantes, pero me parece fuera de lugar dar una visión demasiado general del siglo veinte, como si la contara alguien más (una eminencia en historia o un cronista por ejemplo) cuando en realidad quiero explicar mi propia versión de lo poco que viví de ese ajetreado centenar de años.
            El siglo veinte fue para mí, un lugar difícil pero grandioso para vivir, me gustó se parte de un momento de transición de generaciones; fui educado mediante una mezcla de métodos antiguos y nuevas tecnologías, me refiero a que mis profesores aún me castigaron con un buen reglazo en las manos y luego me hicieron pasar a la clase de computación para aprender a utilizar D.O.S., BASIC y LOTUS. Recuerdo las tardes de juego en las calles con mis amigos, era genial jugar una “chamusca”, luego jugar “tenta” y “arranca-cebolla” y luego ir a la casa de alguien que tuviera un atari o la sensación del momento, un “Nintendo”. Eso, sólo por mencionar algo de mi niñez.
            Mi adolescencia transcurrió sin Facebook ni Twitter, mucho menos Youtube; mi contacto con el mundo era a través de la televisión (sin servicio de cable por supuesto, ese era un lujo que pocos se daban a principios de los años noventa). Fue increíble poder ver un eclipse total de sol, observar esas sombras dobles que se formaban en el suelo, estar atento a las noticias que relataban paso a paso el proceso del oscurecimiento y escuchar en ciertas casas a los ancianos golpear cacerolas para ayudar al sol y a la luna. Recuerdo el horror que me provocó el “Serranazo”, no sabía de que se trataba, pero me dio miedo ver a tantas personas armadas en la calle; recuerdo la primera vez que un acorde distorsionado de guitarra hizo vibrar mis tímpanos y mis neuronas; recuerdo mi sorpresa al enterarme que podía obtener música gratuita por medio del internet, increíble, podía descargar una sola canción en mas o menos medio día; también recuerdo la sorpresa que me causó enterarme del obsequio que recibió uno de mis mejores amigos, nada mas y nada menos que un celular, su familia debía ser adinerada, pues un celular no cualquiera lo podía tener.
            Así transcurrieron mis primeros veinte años de vida, sumergido en el fin de un siglo lleno de avances y de prejuicios, lleno horrores y de cosas hermosas. La concepción que se tenga de ese tiempo, obviamente va a ser muy diferente de persona a persona, y en mi caso, será aún más distinta por la diferencia de edad que tengo con mis compañeros de clase mas cercanos (que es con quienes mas afinidad y contacto tengo en mi diario ir y venir), debido a que en esos últimos veinte años hubo una serie de cambios que se gestaron de una forma muy acelerada y que nos vuelve dos generaciones desconocidas entre sí (a pesar de vivir en un mismo país, en una misma ciudad); así que esta diferencia de edad, que es en promedio unos diez años, crea un brecha que pareciera infranqueable, y digo pareciera, porque en realidad no ha sido así.
            Como comentario final, sólo deseo agregar que el siglo veinte fue un tiempo de alegría y sufrimiento que formó el hombre que soy hoy, para bien o para mal. También diré que no me hubiera gustado nacer en ningún otro punto de ese siglo (bueno, tal vez en la década de los cincuenta para ser un adolescente en los sesenta).

martes, 15 de marzo de 2011

EL BARRILETE.

                Camino lenta y apaciblemente por el campo; no puedo decir que hora es, pero parece un día soleado, mas no caluroso; al contrario, sopla una brisa que refresca  mi paseo y torna todo muy comodo. Veo a mi izquierda y ahí está ella, tan hermosa como el primer día que la vi caminando por aquella calle del centro de la ciudad capital. Nos detenemos a descansar un poco, no conversamos, solo apreciamos el paisaje, solo disfrutamos del silencio que nos acompaña mientras nos tomamos de la mano. De pronto un niño vestido de blanco se aproxima a nosotros, trae un barrilete en la mano derecha y se lo obsequia a ella, quien de inmediato empieza a elevarse hacia el cielo. No hay miedo, no hay gritos, no hay llanto, solo un sentimiento de vacio y soledad que se hace mas fuerte mientras ella mas se aleja hacia el infinito azul.

                Empiezo a suponer que estoy soñando, todo esto es tan extraño que la única explicación es que debo estar soñando, no hay duda, lo estoy.  Siendo así, no tengo nada de que preocuparme, incluso puedo seguir disfrutando del paseo.

                Llego a un estanque de agua cristalina, me siento a descansar y apreciar la vista; de pronto, el niño aparece frente a mí y empiezo a suponer que viene a darme un barrilete también, (en este momento he llegado a deducir que el barrilete es una especie de conexión entre el mundo de la vigilia y el de los sueños) pero no es así, esta vez no trae ningún barrilete en la mano, sin embargo si pronuncia algunas palabras para mi:

-Tú crees que vengo a despertarte y en realidad no sabes cuan equivocado estás, solo vengo a despedirme de ti, pues estamos a punto de dejar de existir.

                Debo tener cara de confundido porque el niño ríe luego de decirme que viene a despedirse. Antes de yo poder decirle o preguntarle algo, él continúa:

-Supones bien si has pensado que la chica a quien di el barrilete antes, ha despertado. Ella, para ser exacto, estaba en estado de coma, se mantuvo así por una semana luego de sufrir un accidente. Tú, por el contrario, no estás durmiendo ni en estado de coma; tú al igual que yo, solo somos una invención de la mente de ella, somos tan solo parte del sueño de una chica en coma que acaba de despertar, y por ende, ya no tenemos razón de ser o existir…

-Pero que me estas diciennnnnn….


                

jueves, 10 de marzo de 2011

En honor a uno de mis favoritos...

     De nuevo acepto la culpa de hacer tan solo un insípido copy paste, pero no me importa mucho, porque lo que copiaré aqui hoy, es el Decálogo del Perfecto Cuentista, de Horacio Quiroga (uno de mis consentidos); así que sin mas rodeo, aca lo dejo:


I
Cree en un maestro -Poe, Maupassant, Kipling, Chejov- como en Dios mismo.
II
Cree que su arte es una cima inaccesible. No sueñes en domarla. Cuando puedas hacerlo, lo conseguirás sin saberlo tú mismo.
III
Resiste cuanto puedas a la imitación, pero imita si el influjo es demasiado fuerte. Más que ninguna otra cosa, el desarrollo de la personalidad es una larga paciencia
IV
Ten fe ciega no en tu capacidad para el triunfo, sino en el ardor con que lo deseas. Ama a tu arte como a tu novia, dándole todo tu corazón.
V
No empieces a escribir sin saber desde la primera palabra adónde vas. En un cuento bien logrado, las tres primeras líneas tienen casi la importancia de las tres últimas.
VI
Si quieres expresar con exactitud esta circunstancia: "Desde el río soplaba el viento frío", no hay en lengua humana más palabras que las apuntadas para expresarla. Una vez dueño de tus palabras, no te preocupes de observar si son entre sí consonantes o asonantes.
VII
No adjetives sin necesidad. Inútiles serán cuantas colas de color adhieras a un sustantivo débil. Si hallas el que es preciso, él solo tendrá un color incomparable. Pero hay que hallarlo.
VIII
Toma a tus personajes de la mano y llévalos firmemente hasta el final, sin ver otra cosa que el camino que les trazaste. No te distraigas viendo tú lo que ellos no pueden o no les importa ver. No abuses del lector. Un cuento es una novela depurada de ripios. Ten esto por una verdad absoluta, aunque no lo sea.
IX
No escribas bajo el imperio de la emoción. Déjala morir, y evócala luego. Si eres capaz entonces de revivirla tal cual fue, has llegado en arte a la mitad del camino
X
No pienses en tus amigos al escribir, ni en la impresión que hará tu historia. Cuenta como si tu relato no tuviera interés más que para el pequeño ambiente de tus personajes, de los que pudiste haber sido uno. No de otro modo se obtiene la vida del cuento.

domingo, 26 de diciembre de 2010

Claro y Breve...

Estoy aburrido de escuchar a cada instante, todo el año, y en especial en estas fechas de finales de diciembre, comentarios del tipo: "que dios nazca en tu corazón este diciembre", "que el niñito Jesús te bendiga", "yo por eso voy a la iglesia", etc... Puedo tolerarlo siempre y cuando venga de personas que en realidad siempre han sido ejemplo de sobriedad en su actuar, personas que me han dado ejemplo de rectitud, pero por mala fortuna, casi siempre esas lineas prefabricadas y estudiadas para ser repetidas como una maldita grabadora, provienen de gente que no puede mas con su conciencia, que siempre han sido y sigue siendo un ejemplo de hipocresía y mala actitud en su actuar. Si supieran el asco que me provocan, estúpidos, creen que no recuerdo todo lo malo que han hecho y que aún hoy hacen, acaso no se dan cuenta que a mi no me engañan con sus palabritas de película dominguera, acaso piensan que me creo eso de golpearse un día a la semana el pecho y decir "por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa". Vayan a joder a otra persona que si les crea, porque yo, sino fuera tan civilizado, les daría una bofetada y los mandaría de regreso a su chiquero. Hipócritas!!!!!!!!....

lunes, 20 de diciembre de 2010

EL CANTO INFORMAL...


Esta noche me encuentro frente a mi computadora, estoy viendo fotos que tomé durante el concierto que el cantautor mexicano Fernando Delgadillo dio en La Ermita de la Santa Cruz, en Antigua Guatemala. Estas imágenes traen un alud de recuerdos a mi, aun veo los colores de los reflectores sobre el escenario como si estuviera metido yo en la fotografía, recuerdo los sonidos, las palabras, la ansiedad de la espera, todo.

Se apagan las luces y se enciende el reflector que apunta hacia un sillón que ha sido colocado al centro del escenario, se abre la puerta de la iglesia de decorado barroco que se sitúa justo atrás del sillón mencionado, y aparece Delgadillo, con su normal paso pausado pero seguro; se acomoda en el mueble situado bajo el reflector y saluda a su público “inteligente y conocedor”, como él suele llamar a sus fieles seguidores.

Al concierto asistí acompañado de un buen amigo, con quien compramos nuestras entradas (un tanto caras) para llegar lo más cerca posible de Fernando, en la mesa donde nos situaron había una pareja de novios y un tercer individuo que llegó en soledad al evento, de inmediato entablamos una amena conversación, y formamos una alegre mesa donde se disfruta de la música del cantautor y de una buena amistad recién forjada.

A cada canción le hacemos nosotros cinco su respectivo coro, bueno, en realidad toda la audiencia corea las canciones, y así, esa amistad se fue sellando poco a poco, y ahora me pongo a pensar en lo mágico que resultan ser esos conciertos, cuantas amistades e incluso amores se siembran en esos eventos musicales, es lo interesante de todo ese asunto musical.

Delgadillo nos deleita con sus clásicos temas de amor como: No Me Pidas Ser Tu Amigo, Hoy Ten Miedo de Mi, Entre Pairos y Derivas, Mis Hojas de Noviembre y otras mas, canciones que traen a mi, recuerdos de viejos amores que así tan fácil como vinieron, se fueron. También hace un recorrido por sus canciones de contenido social, como por ejemplo: De La Canción de Protesta, o bien sus temas humorísticos como: En Tu Cumpleaños, El Retocador de Calles, Llamadas Anónimas y otras más. Lo que más me gusta de los conciertos de Fernando Delgadillo es la interacción que mantiene con su público, como trata de conversar con nosotros, hace que uno se vuelva parte importante en el desarrollo del mismo, la situación deja de ser unilateral, del artista hacia las personas solamente, sino que se vuelve bilateral, del artista hacia su público y este da una retroalimentación a aquel que está parado en el escenario brindado un espectáculo de calidad.

En fin, se desarrolla el concierto con toda normalidad, todos hemos cantado a todo pulmón, hemos hecho nuevos amigos, incluso nos encontramos un tanto ebrios por la cerveza y el whiskey que hemos bebido mientras coreábamos a Delgadillo, es el final de una velada muy gratificante, todos abandonamos el lugar con un muy buen sabor de boca, ahora tenemos una serie de buenos recuerdos para compartir con todos aquellos que por alguna razón no pudieron asistir.

Ahora, frente a estas imágenes en mi computadora, reflexiono al respecto, y me doy cuenta de lo importante que se ha vuelto en mi vida la música, como ha sido esta expresión artística un medio por el cual logro expresar mi inconformidad o mi aceptación hacia lo que me ocurre en mi diario ir y venir por este mundo. Por fortuna no solo a mi me sucede esto, por suerte somos muchos los que encontramos en la música esa válvula de escape que evita que explotemos y que ayuda a canalizar toda esa energía de manera positiva. ¡Por fortuna!...